Capítulo I
En el hogar paterno.
Adolfo Hitler nación en una pequeña ciudad de Braunau sobre el Inn,
situada en la frontera de esos dos estados alemanes, considero una
predestinación feliz haber nacido allí. Su padre era un leal y honrado
funcionario (aduanero), su madre, se ocupaba de los quehaceres del hogar.
Su padre fue un ejemplo de vida para Hitler según cuenta que no tenía ni
trece años, cuando lio su morral y se marcho, iba Viena en busca de aprender un
oficio, a los diez y siete años ya había realizado su examen de oficio aunque seguía
insatisfecho de sí mismo. pero con la tenacidad propia de un hombre se aferro a
su resolución de llegar a ser funcionario y lo fue, poco después de cumplir
veintitrés.
Cuando se jubilo a los cincuenta y seis años, adquirió una pequeña
propiedad agrícola en Lambach, donde la administro personalmente y así volvió
después de una larga y trabajosa vida a la actividad originaria de sus mayores.
En este tiempo Hitler no se preocupaba mucho por su profesión futura,
pero sabía que su simpatía no se inclinaba a la carrera de su padre. En ese
entonces sus dotes de oratoria se hacían más evidentes.
En el estante de libros de su padre encontró diversas obras militares,
entre ellas una edición popular de la guerra franco-prusiana. Desde entonces su
entusiasmo se hacía más fuerte con todo lo que tuviera que ver con guerra o con
la vida militar.
Tenía talento para la pintura, tan fuera de duda que su padre lo inscribió
a la secundaria; pero jamás con el propósito de permitirle una preparación
profesional en ese sentido. Sus calificaciones eran excelentes en el ramo de
geografía e historia.
Después de transcurridos tantos años, dos hechos resaltan como los más
importantes:
1. Se hizo nacionalista.
2. Aprendió a comprender la historia y apreciar la
historia en su verdadero sentido.
Capítulo II
Las experiencias de mi vida en
Viena.
Al morir su madre regreso a Viena por tercera ocasión. Quería ser
arquitecto, “y como las dificultades no
se dan para capitular ante ellas, si no para ser vencidas,” mi propósito fue vencerlas, teniendo presente el
ejemplo de su padre.
En aquella época abría los ojos ante dos peligros que apenas conocía de
nombre; el marxismo y el judaísmo.
En Viena vivió cinco años de calamidad y de miseria, cinco largos años
que trabajo primero como peón y luego como pequeño pintor para ganarse el
sustento diario.
A pesar de esto, en aquellos tiempo se formo un concepto del mundo,
concepto que constituyo la base granítica de su proceder de aquella época.
Al finalizar el siglo XIX, Viena se encontraba entre las ciudades con
condiciones más desfavorables, riqueza fastuosa y repugnante miseria. En
ninguna otra ciudad alemana se podía estudiar mejor el problema social, porque
aquel que no haya estado, al alcance de la miseria jamás llegara a conocer sus
fauces ponzoñosas. Cualquier otro camino lleva a la charlatanería banal o a un
mentido sentimentalismo. Ambas perjudiciales, una nunca logra penetrar el
problema en su esencia y la otra porque no llega ni a rozarlo.
En aquellos tiempos llego a la conclusión de que solo un doble procedimiento
podía conducir a modificar su situación: “ESTABLECER MEJORES CONDICIONES PARA
NUESTRO DESARROLLO A BASE DE UN PROFUNDO SENTIMIENTO DE RESPONSABILIDAD SOCIAL
APAREJADO CON LA FÉRREA DECISIÓN DE ANULAR A LOS DEPRAVADOS INCORREGIBLES”
A sus compañeros les daba lo mismo ser alemán o no serlo y que el hombre
se siente bien en todas partes con tal de tener para su sustento. Eso a Hitler
le molestaba mucho, siempre se preguntaba
¿dónde queda el orgullo nacional?
A la edad de diez y siete años quería conocer a la perfección la
ideología de “socialdemocracia”, en pocos días le propusieron que entrara a la
organización socialista, para la cual no acepto ya que dijo desconocer todo
acerca de lo que se trataba.
A través de la prensa socialdemócrata diaria, pudo, estudiar mejor que
en la literatura teórica el verdadero carácter de esas ideas. Por una parte
eran rimbombantes frases de libertad, belleza y dignidad, expuestas en esa
literatura locuaz, de moral humana hipócrita. Penetrar el sentido de esa
literatura tuvo para la trascendencia de inclinarse hacia su pueblo. A medida
que fue formando criterio sobre el carácter exterior de la socialdemocracia,
aumento el ansia de penetrar la esencia de su doctrina
Conoció al doctor Kart Lueger y el partido cristiano social y con ello
cambio su criterio acerca del antisemitismo.
El sionismo: era un movimiento que tendía a establecer claramente el
carácter racial del judaísmo.
Hitler por muchos sucesos decidió dejar de elogiar la cuestión judía, y
ahora comenzar a estudiar la doctrina marxista para estudiar minuciosamente la actuación
del pueblo judío.
La doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático de la
naturaleza y coloca la maza numérica y su peso muerto, niega en el hombre el
merito individual e impugna la importancia del nacionalismo y de la raza.
Capítulo III
Reflexiones políticas de la época
de mi permanencia en Viena.
Piensa que el hombre hasta que cumpla treinta años debe actuar en la
política, porque hasta esa edad se está formando en su mentalidad una
plataforma en la cual analizara los problemas políticos y podrá definir su
postura ante ellos y tendrá que aprender aun más en el transcurso de su vida.
Un Führer que se vea obligado a abandonar la plataforma de su ideología
por haberse dado cuenta que era falsa, tendrá que renunciar a toda actuación
política