jueves, 27 de junio de 2013

Capítulo I
En el hogar paterno.
Adolfo Hitler nación en una pequeña ciudad de Braunau sobre el Inn, situada en la frontera de esos dos estados alemanes, considero una predestinación feliz haber nacido allí. Su padre era un leal y honrado funcionario (aduanero), su madre, se ocupaba de los quehaceres del hogar.
Su padre fue un ejemplo de vida para Hitler según cuenta que no tenía ni trece años, cuando lio su morral y se marcho, iba Viena en busca de aprender un oficio, a los diez y siete años ya había realizado su examen de oficio aunque seguía insatisfecho de sí mismo. pero con la tenacidad propia de un hombre se aferro a su resolución de llegar a ser funcionario y lo fue, poco después de cumplir veintitrés.
Cuando se jubilo a los cincuenta y seis años, adquirió una pequeña propiedad agrícola en Lambach, donde la administro personalmente y así volvió después de una larga y trabajosa vida a la actividad originaria de sus mayores.
En este tiempo Hitler no se preocupaba mucho por su profesión futura, pero sabía que su simpatía no se inclinaba a la carrera de su padre. En ese entonces sus dotes de oratoria se hacían más evidentes.
En el estante de libros de su padre encontró diversas obras militares, entre ellas una edición popular de la guerra franco-prusiana. Desde entonces su entusiasmo se hacía más fuerte con todo lo que tuviera que ver con guerra o con la vida militar.
Tenía talento para la pintura, tan fuera de duda que su padre lo inscribió a la secundaria; pero jamás con el propósito de permitirle una preparación profesional en ese sentido. Sus calificaciones eran excelentes en el ramo de geografía e historia.
Después de transcurridos tantos años, dos hechos resaltan como los más importantes:
1.    Se hizo nacionalista.
2.    Aprendió a comprender la historia y apreciar la historia en su verdadero sentido.
Capítulo II
Las experiencias de mi vida en Viena.
Al morir su madre regreso a Viena por tercera ocasión. Quería ser arquitecto, “y como las dificultades no se dan para capitular ante ellas, si no para ser vencidas,” mi propósito fue vencerlas, teniendo presente el ejemplo de su padre.
En aquella época abría los ojos ante dos peligros que apenas conocía de nombre; el marxismo y el judaísmo.
En Viena vivió cinco años de calamidad y de miseria, cinco largos años que trabajo primero como peón y luego como pequeño pintor para ganarse el sustento diario.
A pesar de esto, en aquellos tiempo se formo un concepto del mundo, concepto que constituyo la base granítica de su proceder de aquella época.
Al finalizar el siglo XIX, Viena se encontraba entre las ciudades con condiciones más desfavorables, riqueza fastuosa y repugnante miseria. En ninguna otra ciudad alemana se podía estudiar mejor el problema social, porque aquel que no haya estado, al alcance de la miseria jamás llegara a conocer sus fauces ponzoñosas. Cualquier otro camino lleva a la charlatanería banal o a un mentido sentimentalismo. Ambas perjudiciales, una nunca logra penetrar el problema en su esencia y la otra porque no llega ni a rozarlo.
En aquellos tiempos llego a la conclusión de que solo un doble procedimiento podía conducir a modificar su situación: “ESTABLECER MEJORES CONDICIONES PARA NUESTRO DESARROLLO A BASE DE UN PROFUNDO SENTIMIENTO DE RESPONSABILIDAD SOCIAL APAREJADO CON LA FÉRREA DECISIÓN DE ANULAR A LOS DEPRAVADOS INCORREGIBLES”
A sus compañeros les daba lo mismo ser alemán o no serlo y que el hombre se siente bien en todas partes con tal de tener para su sustento. Eso a Hitler le molestaba mucho, siempre se preguntaba  ¿dónde queda el orgullo nacional?
A la edad de diez y siete años quería conocer a la perfección la ideología de “socialdemocracia”, en pocos días le propusieron que entrara a la organización socialista, para la cual no acepto ya que dijo desconocer todo acerca de lo que se trataba.
A través de la prensa socialdemócrata diaria, pudo, estudiar mejor que en la literatura teórica el verdadero carácter de esas ideas. Por una parte eran rimbombantes frases de libertad, belleza y dignidad, expuestas en esa literatura locuaz, de moral humana hipócrita. Penetrar el sentido de esa literatura tuvo para la trascendencia de inclinarse hacia su pueblo. A medida que fue formando criterio sobre el carácter exterior de la socialdemocracia, aumento el ansia de penetrar la esencia de su doctrina
Conoció al doctor Kart Lueger y el partido cristiano social y con ello cambio su criterio acerca del antisemitismo.
El sionismo: era un movimiento que tendía a establecer claramente el carácter racial del judaísmo.
Hitler por muchos sucesos decidió dejar de elogiar la cuestión judía, y ahora comenzar a estudiar la doctrina marxista para estudiar minuciosamente la actuación del pueblo judío.
La doctrina judía del marxismo rechaza el principio aristocrático de la naturaleza y coloca la maza numérica y su peso muerto, niega en el hombre el merito individual e impugna la importancia del nacionalismo y de la raza.


Capítulo III
Reflexiones políticas de la época de mi permanencia en Viena.
Piensa que el hombre hasta que cumpla treinta años debe actuar en la política, porque hasta esa edad se está formando en su mentalidad una plataforma en la cual analizara los problemas políticos y podrá definir su postura ante ellos y tendrá que aprender aun más en el transcurso de su vida.

Un Führer que se vea obligado a abandonar la plataforma de su ideología por haberse dado cuenta que era falsa, tendrá que renunciar a toda actuación política 

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